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Lunes a viernes: de 16:00a 19:00hs. Sábados:9:00a 12:00hs.

Celebraciones DÍA DOCE, apertura y cierre del Templo

Eucaristías (Misas)

8:00 y 11:00 hs.

15:00; 17:00 y 20:00 hs.

NOTA: El templo permanece abierto de lunes a sábados de 9 a 12 y de 16 a 19:30 horas.

Domingos de 8 a 12 y 16 a 19:30 horas. Los días 12 está abierto de 6 a 21 horas.

 


Todo el imperio estaba en ascuas ante la cruel persecución contra los cristianos, y quiso Dios que en una casa vecina estuviera oculto el Papa Cayo.

De él se hablaba mucho y no tardó en llegarles noticias de su ilustre vecino. Su conducta santa les hizo pensar. Pasaron sucesivamente por sentimientos de curiosidad, de admiración, de deseos de verle... Concertaron una entrevista y abrieron su alma a la fe. Después de treinta días de instrucción, ambos fueron bautizados por el Papa. Dionisio moría días más tarde.

Pancracio lloró su muerte. Quedaba solo, pero se confortaba con la idea de que la separación sería breve. Y así fue.
La persecución iba en aumento y Pancracio se había bautizado para ser testigo de una fe, de la persona de Jesucristo, el perseguido por aquella sociedad pagana. Su fe era pública, y un día fue encarcelado.
Dada su condición de noble le llevan ante el emperador, que queda cautivado por su simpatía y por la firmeza en su fe a pesar de sus catorce años, y quiere evitar la muerte del joven. Promesas y amenazas se sucedieron.
El emperador Diocleciano había sido amigo de su padre, y quiso atraerle con cariño, prometiendo cuanto quisiera siempre que renunciase a la fe.
Nada fue capaz de convencer a Pancracio, ni de hacerle callar, por lo que irritado Diocleciano, dio orden de que fuese degollado aquella misma noche. Era el 12 de mayo del año 304.

Su muerte nos la cuenta el misal romano así: "Cuando era llevado por los empleados del emperador, llegó al lugar donde se iba a consumar dignamente su martirio. Allí Pancracio extendió sus manos al cielo y dijo": Te doy gracias, Señor Jesucristo, que te has dignado en esta hora, que siempre he deseado, unir a tu siervo con tus santos...Y habiendo dicho esto le fue cortada la cabeza".

Durante la oscuridad de la noche una santa mujer llamada Octávila envolvió en un lienzo el cuerpo del mártir y lo enterró. El culto del santo mártir se inició inmediatamente en torno a su sepulcro.

Se le presenta como un joven, casi niño, vestido con la túnica romana o traje militar, la mano derecha con el índice señalando hacia el cielo, y la izquierda, con la palma de martirio y un libro abierto, donde puede leerse: "Venite ad me et ego dabo vobis omnia bona" ("Ven a mí y te daré toda clase de bienes"), basado en el texto bíblico de la historia de José en Egipto (Gén. 45,10-11).

...El pueblo sencillo le viene pidiendo dos de los bienes que más estima: la salud y el trabajo.
Su fiesta se celebra el 12 de mayo.


Para orar con los textos de la Celebración Eucarística

Primera Lectura: Hechos de los Apóstoles (7, 55-60)
Salmo (30, 3c-4. 6 y 7b-8a. 16bc y 17)
Evangelio: San Mateo (10, 28-33)

Para reflexionar:

Hay personas que impactan por su modo de vivir y de jugarse por entero cuando dan razón de su fe y de sus principios.

Para nosotros, los santos generan un sin fin de sentimientos, algunos hasta contradictorios. Aunque el tiempo les haya agregado leyendas que nos alejan de lo auténticamente cristiano: podemos quedarnos con su coherencia en asumir y vivir la propuesta de Jesús, que en la mayoría de los casos les llevó a ofrendar la vida por defenderla. Más notorio es la experiencia en los primeros siglos de la Iglesia, llena de "Mártires", como nuestro Joven San Pancracio.

Recordemos que fueron personas de carne y huesos, como nosotros, con debilidades y falencias, físicas y espirituales, que fueron contrarrestadas por la confianza absoluta en Dios, la oración, el esfuerzo de superación, el servicio generoso y la capacidad de dar respuestas a los problemas de su tiempo. Es decir, pusieron en movimiento los mecanismos del Reino de Dios allí donde no estaba. En esto radica la verdadera grandeza de ellos.

Todos, se sintieron llamados a cumplir una misión, y aunque muchas veces sin claridad y con temores se lanzaron tras ella. Siempre buscaron la Iglesia-Comunidad.

Hoy, San Pancracio nos invita a anunciar el Mensaje de Jesús, despertando con nuestras acciones de solidaridad al prójimo y nuestras expresiones de fe auténticas, el "Amor de Dios sembrado en cada corazón". Porque el amor no es una palabra vacía, es Dios mismo y Él nunca pasará. Cada uno de nosotros, somos en potencia santos, por eso pidamos a Dios que el ejemplo de nuestro San Pancracio nos animen a ser como él.

En San Pancracio podemos ver un auténtico testimonio juvenil en defensa del Evangelio, un espejo de coraje y de fe.

 


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